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Disfruta de la historia completa de Harut y Marut con narración profesional y sonidos ambientales inmersivos.
Sobre esta historia
Referencia coránica
Sura Al-Baqarah (2:102)
Temas clave
Duración del audio
6 min de narración profesional
Disponible en
Inglés, árabe, alemán, neerlandés, francés, turco, sueco y español
Lecciones clave de esta historia
- La magia es real, pero está absolutamente prohibida — El Corán confirma la realidad de la magia y, al mismo tiempo, prohíbe categóricamente su práctica. Harut y Marut enseñaban una magia real, con efectos reales, pero el Corán califica el aprenderla y practicarla como un acto de incredulidad (kufr). El Profeta Muhammad (SAW) incluyó la magia entre los siete pecados destructivos, al mismo nivel de gravedad que el shirk y el asesinato.
- Una advertencia clara no garantiza la obediencia — Aunque los propios ángeles les dijeron directamente que aprender magia era una prueba y que seguir adelante sería incredulidad, mucha gente decidió aprenderla igualmente. Esto demuestra que la capacidad humana de autoengaño es inmensa: incluso la advertencia divina más clara puede ignorarse cuando el deseo se impone a la razón.
- Ningún daño se produce sin el permiso de Allah — El Corán afirma explícitamente que los magos «no podían perjudicar a nadie sin el permiso de Dios». Es un principio teológico profundo: ninguna fuerza de la creación —ya sea la magia, la enfermedad o cualquier otra prueba— puede afectar a una persona si Allah no lo quiere. Esto debería dar al creyente consuelo y perspectiva.
- El conocimiento conlleva responsabilidad moral — El mismo conocimiento puede usarse para el bien o para la destrucción. A la gente de Babilonia se le dio a elegir cómo usar lo que aprendía, y muchos decidieron dañar a otros. Esto enseña que toda forma de conocimiento —de la ciencia a la tecnología o las cuestiones espirituales— conlleva la obligación ética de usarlo con rectitud.
- Los profetas son inocentes de lo que falsamente se les atribuye — El versículo comienza exculpando a Sulayman (Salomón) de la acusación de practicar la magia. La fuente de la hechicería fueron los demonios, no los profetas. Esto enseña a los musulmanes a rechazar cualquier afirmación que menoscabe el honor de los mensajeros de Allah y a reconocer que la calumnia contra los profetas suele servir para normalizar el pecado.
Contexto histórico y teológico
La historia de Harut y Marut está contenida por completo en un solo versículo —la sura Al-Baqarah (2:102)—, y aun así es uno de los pasajes teológicamente más ricos del Corán. El versículo aborda varios temas relacionados entre sí: la inocencia del Profeta Sulayman frente a las acusaciones de hechicería, el papel de los demonios (shayatin) en la difusión de la magia, el envío de dos ángeles como prueba divina, el mal uso del conocimiento y las consecuencias últimas de elegir prácticas prohibidas en lugar de la guía divina. Los sabios clásicos del tafsir, como Al-Tabari, Ibn Kathir y Al-Qurtubi, escribieron extensamente sobre este versículo.
Babilonia (Babel), escenario de esta historia, fue una de las ciudades más importantes del mundo antiguo y estaba situada en el actual Irak. A lo largo de la Antigüedad fue conocida como un centro del saber, de la astronomía y —según fuentes islámicas y no islámicas— de la práctica de la magia y la adivinación. Que el Corán sitúe esta prueba en Babilonia tiene un significado teológico: era un lugar donde las fuerzas de Shaitán difuminaban deliberadamente la frontera entre el conocimiento legítimo y la hechicería prohibida.
El debate erudito sobre Harut y Marut se cruza también con la jurisprudencia islámica sobre la magia (sihr). Las cuatro grandes escuelas sunníes clasifican unánimemente la práctica de la magia como haram (prohibida), y muchos eruditos la consideran un acto de kufr (incredulidad) que saca a la persona del Islam. Esta norma se basa en gran medida en el versículo sobre Harut y Marut, que vincula explícitamente el aprendizaje de la magia dañina con la pérdida de la parte que a uno le corresponde en la otra vida. Los hadices refuerzan esta postura: el Profeta Muhammad (SAW) incluyó la magia entre los siete pecados más destructivos en un hadiz narrado en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim.
Las citas del Corán siguen la traducción de Isa García.